Algunas deudas con el acervo del MoMA


¿Por qué visitar el MoMA? ¿Por qué pasar más de cuatro horas contemplando las obras de arte de las vanguardias artísticas del siglo XX?

No es novedad que el Museum of Modern Art es un verdadero templo del arte moderno occidental (aunque su acervo es mucho más amplio). Desde su inauguración en 1929 ha sido una institución promotora de un arte que desafiaba los mismos límites del arte. Naturalmente, se puede reconocer en la visión del magnante Abby Aldrich Rockefeller, y compañía, cierta capacidad premonitoria en difundir la polémica pictórica del cubismo o el surrealismo; pero dejando de lado toda inocencia, esta apuesta acarreaba (y con éxito) la convicción de que el mercado del arte moderno tendría una expansión insospechada. El MoMA es causa y efecto de la aceptación y legitimación social de un arte rupturista en sus diversas versiones (desde Gaugin hasta Al Held, en un corte grueso).

Y cabe cuestionarse, una vez más, ¿cuál es el interés de nosotros, arquitectos, en visitar y re – visitar el patrimonio que esta institución guarda?

Pues bien, en primer lugar la arquitectura es un campo de expresión cultural que transita la terrible frontera arte – técnica; también es cierto que los círculos humanos que integraron ciertos movimientos radicales a principios del siglo XX estaban en íntimo contacto y hasta coincidían (pongamos por caso obvio la revista L’Esprit Nouveau); y por último, hay que admitir que el Movimiento Moderno, como expresión última de la Arquitectura Moderna (surgida por convenio de la historiografía dominante en el siglo XVIII) alcanza su punto álgido, encuentra el lenguaje que le es propio, gracias a la revolución lingüística que proponen las vanguardias (y no sólo por los avances técnicos de la era industrial). De la máquina se sirve el mundo moderno, claro está, pero también de una tendencia abstraccionista (de la que ya nos hablaban Riegl y Worringer), de una superación del naturalismo como mímesis, de un lenguaje fragmental, de la búsqueda del grado cero de la expresión artística (como proclamaba Malevich y su Cuadrado negro sobre fondo blanco); y, por supuesto, de una radical superación de las reglas clásicas de composición (como lo mencionaba Theo van Doesburg en sus 17 puntos para una arquitectura neoplástica en 1925).

“La nueva arquitectura ha suprimido la repetición monótona y ha destruido la igualdad entre dos mitades, la simetría.” (1)

Con la mente abierta a vislumbrar los trasvases del lenguaje en pintura al lenguaje arquitectónico, vale la pena visitar Les Demoiselles d’Avignon y comprender, no sólo el inicio del cubismo, sino reflexionar sobre la abolición del gran invento renacentista, la perspectiva cónica; vale la pena comprender el proceso de intelectualización del plano pictórico; vale a su vez, constatar el dinamismo compositivo, el desafío incómodo que supone para el espectador, enfrentarse al arte de un nuevo tiempo.

Un nuevo tiempo, unos nuevos medios, necesitan de la construcción de un nuevo campo de expresión (atravesando la palabra, la imagen y el sonido). Desde los poemas de Marinetti, hasta los cadáveres exquisitos de los surrealistas, llegando a propuestas como las vistas en la Exposición de Arquitectos Desconocidos organizada por Gropius a la cabeza del Arbeitsrat für Kunst en 1919.

A pesar de las diversas búsquedas (desde el anti – positivismo expresionista hasta la idolatría del progreso industrial futurista) podremos recordar que algo entró en crisis hace ya un siglo: las bases mismas de lo social. La insatisfacción con la Europa de principios de siglo pasado provocó un magma que hasta hoy tiene sus consecuencias. Nada como acercarse un poco al arte y su historia para sintonizar con ciertos cambios de sensibilidad. Y así como no podríamos explicar buena parte del curso del arte contemporáneo sin Duchamp y sus ready-mades, tampoco podríamos abordar la exposición del Weissenhofsiedlung en Stuttgart de 1927, o las arquitecturas expuestas por el mismo MoMA en el 1932 (bajo el rótulo The International Style), si no fuese por la pintura abstracta publicada en De Stijl, o por el arte de la Nueva Objetividad.

No sólo el hormigón armado, el acero y el vidrio han constituido la revolución del aspecto ascético de la arquitectura “funcionalista”; las nociones de transparencia asociadas a honestidad material y ética, pueden remontarse a un literato como Paul Scheerbart para llegar con un nuevo sentido a Hannes Meyer luego de haber pasado por el utopismo de Bruno Taut.

El modo de accionar de las vanguardias influyó también en el modo en que los arquitectos publicaban sus ideas (pensemos en la Revista “G”), pero también en los modos de representación de proyecto. Podemos recordar aquí el Wasmuth Portfolio de Frank Lloyd Wright (1910), así como también los rascacielos de cristal de Mies (1923).

Ahora bien, si viajamos algunas décadas en el tiempo, a los sixties precisamente, encontraremos el legado de la Internacional de la Utopía (2), desde Archigram a los metabolistas japoneses; arquitecturas de papel que encontraron en el lenguaje de las denominadas segundas vanguardias (arte pop, expresionismo abstracto, op art, etc) un interesante aliado. Lo estimulante es ver como la gráfica “técnica” adquiere una ontología artística en si misma, fusionando medios, y tal vez fines.

Y si nos desplazáramos hasta 1988, tendríamos la oportunidad de observar algunas de las piezas (aún disponibles en el patrimonio del Museo) de la Expo Deconstructivist Architecture; veremos como Gehry, Libeskind, Koolhaas, Eisenman, Hadid, Himmelb(l)au, y Tschumi se sirven de medios gráficos para la ideación que provienen, más – menos, de la década de 1920´. En particular, y como el juego de palabras lo indica, tenemos un claro relacionamiento con obras de El Lissitzky, Tatlin, y los camaradas constructivistas.

Así es que el tercer piso del MoMA alberga maquetas, planos y piezas de proyectos arquitectónicos que parecen haber adquirido el estatus de arte.

Pero cuando subamos al cuarto y quinto piso, a regocijar la mirada en un oasis de pinturas, recordemos, al ver las piezas de vanguardia, que nuestro legado Moderno, viene acompañado de colegas artistas, que han nutrido, y siguieron nutriendo nuestro campo disciplinar (desde Andy Warhol, a Joseph Beuys, o Gordon Matta Clark).

Por su parte, nobleza obliga, subrayamos que el pasado 29 de marzo inauguró la muestra Latin America in Construction: Architecture 1955-1980 en el Museum of Modern Art de Nueva York. Con los aportes del IHA y la Facultad de Arquitectura en general. La muestra pudo contar con piezas referentes a las iglesias de Dieste, el Urnario de Bayardo y el Seminario de Payssé, entre otras (ya sacralizadas entre las grandes piezas maestras del Siglo XX).(3)

Notas

(1)VAN DOESBURG, T. Los 17 puntos de la arquitectura neoplástica, 1925.

(2) TAFURI, Manfredo; DAL CO, Francesco. (1978). “La internacional de la utopía”. En Arquitectura contemporánea (389). Madrir: Ed. Aguilar.

(3) Por más detalles de dicha muestra visitar el siguiente link:
http://www.fadu.edu.uy/patio/novedades/latin-america-in-construction-architecture-1955-1980.htm

Arq. Pablo Canén

Responsable bloque 3

Arquitecto. Docente de la cátedra de Arquitectura y Teoría, docente colaborador de la cátedra de Historia de la Arquitectura Nacional, miembro del EDD Gen 08 (FArq – UdelaR). Se ocupa como arquitecto pasante en DGA – UdelaR.

MoMA – Patio de Esculturas – Fotografía GV Gen´06. Pablo Canén

Red Blue Chair c. 1923 – Gerrit Rietveld

The International Style” (1932) por Henry-Russell Hitchcock and Philip Johnson

Rascacielos de cristal de Mies van der Rohe

Exposición de dibujos de Arquitectura – Archigram y el metabolismo japonés – Fotografía GV Gen´06. Pablo Canén

Rem Koolhaas, Rotterdam Building and Tower, 1981 – Fotografía GV Gen´06. Pablo Canén

Gordon Matta-Clark – Splitting, 1974

Latin America in Construction: Architecture 1955-1980