Bloque 4 – El principio del viaje


 

El Bloque 4 (el último del itinerario) da comienzo en Munich, Alemania y transcurre luego por Suiza, Croacia, Italia, Sur de Francia y finalmente España.

Los encuentros culturales más fuertes ya pasaron, las extravagancias ya fueron realizadas: los viajes en globo, en elefante y las escaladas a glaciares; la sobrevivencia en aeropuertos y el frenesí de constantes cambios de países de la Europa Central quedan atrás, dando paso a una modalidad de estadías más largas, de entornos más reconocibles. En ese sentido el Bloque 4 inicia una suave espiral de retorno cultural, de aire familiar que nos va envolviendo y que lentamente nos va acercando a casa, y es —finalmente y por todo esto—, el principio del viaje.

A esta altura de nuestro recorrido mundial nos hemos transformado en expertos viajeros, sabemos regatear precios en 14 idiomas, somos capaces de combinar recorridos de tren, subte, ferry y hasta aerocarril con total éxito y precisión japonesa y nuestros organismos han adquirido la fortaleza suficiente para digerir lo que nuestros ojos siempre fueron —y serán— incapaces.

La frenética cacería de obras y colección de novedades deja paso a un sereno disfrute de atmósferas; es quizás este bloque el más urbano y paisajístico de todos, porque la obra arquitectónica como elemento singular es difuminada y se hace inentendible —como nunca— sin su contexto. La ciudad y el paisaje común, el tejido urbano ordinario y las vistas cotidianas (ayunos todos de destaque enciclopédico o conocimiento culto) hacen necesario en el viajero aplicar las exquisitas prácticas del deambular, del discurrir en la otredad, de la deriva autoconsciente de un contemporáneo flaneur para su conocimiento.

Aquellas que permiten disfrutar el perderse, inexorablemente, entre la eterna alternancia de estrechos pasillos, pequeños puentes y amplios campos de Venecia, de dejar discurrir las horas en un rincón escondido de los jardines del Foro romano reconstruyendo mentalmente el hiper masivo uso que alguna vez tuvo, de recorrer la deliciosa y tranquila decadencia de cada uno de los pueblos amalfitanos, caminar sin sentido por las ramblas de Barcelona.

Es entonces en este tramo, cuando las rutinas del nomadismo ya fueron aprendidas y pasan a ser rutinas inolvidables, donde el expertise del viajero se ha logrado, y en tiempos amables a la reflexión tranquila es cuando realmente inicia el viaje, es el momento en el cual el mito nace, donde una suave molicie nos abraza y se crea la ficción del viaje eterno.

Surge la sensación plena y cierta de un viaje infinito, de viajeros permanentes, la creencia personal y absoluta de una existencia nómada por siempre y donde el tiempo discurrido desde nuestra partida nos permite empezar a construir y perfeccionar —en forma colectiva e individual— la mitología de los eventos, lugares visitados y experiencias vividas, desplegando una doble
condición, única, borgeana por fantástica, de narradores y protagonistas, donde aquel bosque de aromas, sonidos y texturas, al cual gustosos volveremos para perdernos ya aquí en casa y dentro de muchos años, se empieza a plantar en este bloque.

Sean invitados todos al momento cúlmine de esta experiencia, dónde el viajero se reconoce como tal, adopta las notas del romanticismo de lo ajeno, del deslumbramiento de lo otro, de la construcción de la narración de un mito vivencial, para así, justo antes de comenzar a desandar el final del camino, dar principio al viaje.

Arq. Jimena Abraham

Responsable Bloque 4

Arquitecta (2015, FADU, UdelaR). Maestranda en Ordenamiento Territorial y Desarrollo Urbano (2017, FADU, UdelaR). Docente en el Taller Schelotto cursos Introductorio y Anteproyecto I (2004-2007), en el Taller Danza curso Anteproyecto V (2009-2014), y actualmente en el Taller Schelotto. Trabaja en División Arquitectura del Poder Judicial y en la Oficina de Planificación y Diseño de la DINAVI (MVOTMA).