República Popular China. Una mirada uruguaya a esta tierra de contrastes y oportunidades


Apenas llegué a China a cursar mi maestría en la Escuela de Leyes de la Universidad Tsinghua, el Decano me comentó, al pasar, que solía decirles a sus estudiantes que quien permanecía en China por un día, podía escribir un libro; quien lo hacía por un mes, una página; y quien lo hacía por un año, absolutamente nada. Como uruguayo que ya lleva algunos años viviendo en el gigante asiático, debo decirles que, ni bien me senté a escribir este artículo, sentí que el decano le había dado en el clavo. ¡Ojo! Que no se me malinterprete. No me simpatizan aquellos que hacen análisis simplistas de China, pero tampoco quienes se pasan de rebuscados. Entre China y Uruguay hay casi veinte mil kilómetros de distancia. También unas cuantas diferencias culturales. Se habla de ellas a cada rato. Tanto que nos olvidamos que, a pesar de todo, tenemos muchas semejanzas. Basta con parar en alguna esquina de Beijing a comer Kǎo chuàn ( 烤串) para comprobarlo.

¿Cómo intentar transmitirles a un grupo de jóvenes de mi generación algo de lo que uno vive en la China de hoy? Para los orientales -no los de acá, sino los que nacimos al oriente del Río Uruguay- China es un tema que todavía no despierta mucho interés. O, al menos, el interés que debería despertar. No olvidemos que es, entre otras cosas, el principal destino de nuestras exportaciones. Seguramente a quienes lean esta guía los servicios les interesen más que la soja y la carne. También en ese sector, China es un país de oportunidades. Cuando uno viaja a la provincia de Zhejiang y hace una parada en Hangzhou -la misma ciudad en la que tiene su oficina central Alibaba- es posible cruzarse con el trabajo de arquitectos e ingenieros uruguayos (Hangzhou Grand Theater).

China está transitando por uno de los procesos de transformación más apasionantes de la historia de la humanidad. Ya no es novedad que es el mayor mercado del planeta, el mayor exportador, el mayor importador de petróleo, el país que sacó cientos de millones de personas de la pobreza en treinta años, etc. Como uruguayos, nos cuesta digerir estos titulares a cabalidad sin enfrentarnos a ellos cara a cara. Porque sólo somos tres millones. Porque provenimos de un país étnicamente homogéneo. Porque respiramos aire puro.

Tomarse la línea 1 del metro de Beijing a las seis de la tarde es ideal para entender lo que implica vivir en un país de 1350 millones de personas. Ese número es el que hace posible que hombres y mujeres puedan ganarse la vida, literalmente, empujando a las masas hacia los vagones para que todos puedan viajar. Ese número es el que hace imposible respirar en un día de invierno debido a la alta polución. No es para menos… en China se venden más de veinticinco millones de automóviles al año. Cenar en Shanghái en un restaurante de comida típica de la provincia de Yunnan, atendido por un chino de etnia Yi (彝族), cuyo padre murió de hambre en Kunming, nos recuerda que este es un país de 56 etnias.

¡Y cómo no mencionar a Mao Zedong! Una figura que tuvo el mérito de unificar esta tierra, pero que hoy es mirado de costado, aunque su retrato siga rompiendo los ojos en la Plaza de Tiananmen. A China todavía le duelen las atrocidades cometidas durante la Revolución Cultural (1966-1976). Hoy, después de que Deng Xiaoping dijera que “no importa que el gato sea blanco o negro, lo que importa es que cace ratones”, China contempla nuevamente la cima del mundo, como lo supo hacer hasta antes de la Revolución Industrial. Por ello, para los chinos esto es el retorno a la grandeza. Hoy China vuelve a ser el Reino Central. Tal es el significado de su nombre en Mandarín: Zhōngguó (中国)

Para algunos, este renacer es obra del gobierno y del omnipresente Partido Comunista Chino (PCCh), que en teoría no son lo mismo pero, en la práctica… Para otros, exclusivamente de agricultores, trabajadores y emprendedores chinos, que no lograron erigirse antes porque nunca nadie les dio una chance decente para hacerlo.1

El gran desafío de los próximos veinte años: la transición del made in China al created by China

Frecuentemente escuchamos decir que este siglo será el “siglo chino”. Pero, ¿cuánto de cierto hay en esa frase? ¿Está China en condiciones de ser el verdadero líder global? Gran parte de la academia cree que, al menos en la actualidad, la respuesta es no. Y muchos de los extranjeros que viven aquí, coinciden. Hasta los propios chinos así lo reconocen y no se marean con las luces. Hasta ahora, desde el punto de vista económico, el sistema chino parece haber funcionado a la perfección. ¿Pero podrá China convertirse en un líder mundial en materia de innovación? ¿Tendrá algún día la influencia cultural de Estados Unidos o Europa? Nadie en Occidente cree que esto ocurrirá en el corto plazo. El occidental promedio conoce Google, Facebook, Twitter y Whatsapp pero jamás escuchó nombrar Baidu, Renren, Weibo o Wechat.

Cabe resaltar que cuando la verticalidad cumple un rol protagonista en un sistema de gobierno, la creatividad de la población se atrofia. Lo importante pasa a ser cumplir órdenes en lugar de solucionar creativa e innovadoramente los problemas. Nadie se atreve a contradecir al jefe, aún cuando es notorio que se va a equivocar. Eso es China hoy. Los estereotipos suelen ser injustos, pero el hecho de que lo que escribiré a continuación sea, efectivamente, un estereotipo de joven chino, refleja las raíces de esta problemática. Al fin y al cabo, ya decía la sabiduría de la abuela que cuando el río suena, agua lleva. Muéstrenle a un estudiante chino un diseño de un barco y pídanle que se los dibuje. Probablemente, al cabo de unas horas, quedarán asombrados con el excelente producto que les entregará. Luego pídanle a ese mismo estudiante chino que imagine su propio barco y lo plasme en el papel. Probablemente, al cabo de unas horas, quedarán asombrados porque el estudiante estará completamente bloqueado y no les entregará nada.

En “Xi Jinping: el gobierno y la administración de China”, un libro publicado por el departamento de propaganda del PCCh que recoge discursos del presidente, puede leerse:

No podemos decorar nuestro mañana con el ayer de otros. No podemos dejar nuestro propio progreso tecnológico librado a lo que hagan otros. Tampoco podemos estar siempre detrás de otros. En consecuencia, no tenemos más opción que apostar a la innovación independiente. 2

La historia respalda al presidente. Desde la noche de los tiempos, China ha sido una nación de inventores. No obstante, a medida que el país se fue convirtiendo en la fábrica del mundo, China masterizó el arte de copiar en lugar del de crear. Lamentablemente, también el de contaminar. A no engañarnos. Tal vez si no hubiera sido así, muchos de nosotros no hubiéramos tenido smarthphones o computadoras portátiles. Es un lugar común decir que esto se lo debemos a los grandes innovadores de Silicon Valley. Pero la masificación del acceso a éstos y otros tantos dispositivos no hubiera sido posible sin un país que sacrificara recursos humanos y ambientales para fabricarlos, tal como hizo China.

Los chinos tienen claro hacia dónde ir, pero no tanto cómo llegar. Esto significa que en China hay cientos de oportunidades de enorme potencial para profesionales extranjeros. Claro, en estado durmiente. Aquellos que tomen el riesgo de salir en su búsqueda, tendrán altas chances de alcanzar el éxito.

Infrastructurlandia

Durante los últimos veinte años, China ha sido un país gobernado por ingenieros. Cuando la ingeniería se fusiona con la política, el resultado es un impresionante desarrollo infraestructural. Esto ha sobrepasado la ideología. Un país en el que muchos proyectos fueron concebidos por Sun-Yat-Sen en los años 20, planificados por los nacionalistas en la década del 40, y finalmente construidos por los comunistas post-1949. Tomemos el caso de Shanghái. En cuestión de quince años, se construyeron trece líneas de metro (hay otras ocho en construcción), cuatro túneles de grandes dimensiones, dos aeropuertos de primer nivel, sistemas de trenes de alta velocidad de última generación, puentes kilométricos, un sinfín de autopistas y la lista podría seguir.

China podrá estar atrasada en muchas áreas pero, en materia de infraestructura, está a la vanguardia. Para muestra basta un botón: el puente Hong Kong-Zhuhai-Macao. Actualmente en construcción, tendrá 42 kilómetros de extensión. La cara triste de la glorificación de la eficacia y el metodismo ingenieril es que derivó en el abandono de lo artístico. Y, recientemente, en una explosión de obras ridículas, las cuales probablemente sean fruto de una necesidad creativa reprimida. El asunto se tornó tan preocupante que el propio presidente llamó a ponerle fin a la “arquitectura rara”.3

Hong Kong: la China que se resiste a ser china

En 2017 se cumplirán veinte años desde que Inglaterra devolvió Hong Kong a China. Fue en 1997 que la otrora colonia adquirió el estatus de Región Administrativa Especial de la República Popular China (lo mismo ocurriría en 1999 con Macao, siendo Portugal el estado involucrado en ese caso). A partir de allí, la fórmula “un país, dos sistemas” cobró una importancia vital. Por un lado, Hong Kong, una economía capitalista con un sistema jurídico anglosajón. Por el otro, China continental, una “economía de mercado socialista con características chinas”, con un sistema jurídico inspirado en el modelo francés. De ahí en más, según los líderes chinos, ambos modelos convivirían bajo un mismo manto.

Sin embargo, no todo ha sido color de rosas. La reciente “Revolución de los Paraguas”- liderada por el movimiento “Occupy Central”, que incitaba a ocupar pacíficamente el corazón financiero de Hong Kong de no mediar reformas electorales- es prueba fehaciente de ello. Para algunos hongkoneses, la mano autoritaria del gobierno central comienza a estrangular las libertades civiles y la regla de derecho. Para algunos chinos, los hongkoneses no son lo suficientemente agradecidos para con su patria. A las tensiones políticas se suman las sociales y económicas que, lejos de ser virtuales, se traducen en episodios altamente controversiales.

Durante los fines de semana, miles de habitantes de la vecina provincia de Guangdong – atraídos por el lujo y los estándares internacionales de Hong Kong – cruzan la frontera y gastan miles de renminbi en joyas, ropa y productos alimenticios. La fiebre por estos últimos se debe a que, tras la muerte de miles de infantes a raíz de la ingesta de leche con melamina, los consumidores de China continental perdieron la confianza en los alimentos comercializados en el mercado doméstico. Al punto que el gobierno de Hong Kong pena con cárcel a todo aquél que intente cruzar la frontera con más de dos kilogramos de leche de fórmula. Porque, claro, a nadie le gusta que venga alguien “de afuera” y le vacíe las góndolas. O que esos mismos “extranjeros”, escupan constantemente por las calles o dejen a sus niños hacer sus necesidades en la vereda y no se tomen el trabajo de limpiar el resultado. Todo a plena luz del día. Basta con que alguien lo filme para que se viralice en las redes sociales y estalle una ola de insultos, que, justo decirlo, no son racistas porque todos son chinos, pero, mal o bien, tienen un componente de clase.

A pesar de los pesares, Hong Kong, sigue siendo la ciudad global de Asia. Uno puede sentirlo caminando por las galerías de Sheung Wan en las tardes o en una noche de fiesta en Lan Kwai Fong. Una ciudad de grandes contrastes, es cierto. Aquí conviven banqueros que cierran deals de repercusión mundial con inmigrantes filipinas que hacen unos pocos dólares al mes y se la pasan de camping urbano durante el fin de semana. Aquí, la concentración de autos de lujo por kilómetro cuadrado debe ser de las mayores del mundo. No hay día en el que uno no vea una Ferrari, un Bentley o un Maserati, estacionados en la calle y sin nadie que los vigile. Pegado a esas máquinas de altísimo valor, también se ven ancianos dando todo de sí para tirar de sus carros de botellas plásticas por las empinadas calles que llevan al Pico de Victoria, el cual, a su vez, regala postales únicas a quienes llegan hasta él.

Viajar a Hong Kong, particularmente en este tiempo, es la última oportunidad para entender lo que representó durante las épocas más oscuras de la China comunista. Es probable que, en los próximos 10 años, la ciudad pierda esa magia especial que tuvo a lo largo de la segunda mitad del siglo pasado. La internacionalización de urbes del Delta del Río de las Perlas- como Shenzhen y Guangzhou- y de centros financieros como Shanghái, continuarán disminuyendo la importancia relativa de Hong Kong. A su vez, económicamente, Hong Kong ya no representa lo mismo que en otros tiempos. Mientras que en 1997 representaba el 16% del total del Producto Bruto Interno chino, hoy representa tan solo un 3%.4

Esta ciudad de 7.1 millones de habitantes y cultura cantonesa, en la que ya no cabe un alfiler, se encuentra hoy en una encrucijada; al igual que los miles de jóvenes hongkoneses que quieren acceder a su vivienda propia y se ven impedidos de hacerlo por los exorbitantes precios de los inmuebles. Aún así, que nadie crea que Hong Kong está vencida, porque si hay alguien que históricamente -y en cualquier lugar del planeta- han demostrado una infinita capacidad de reinventarse a sí mismos, esos son los cantoneses.

A modo de cierre

Volviendo a lo que decía el decano de Tsinghua, vaya si será difícil escribir orgánicamente sobre China. Viviendo aquí uno acumula cientos de anécdotas y sensaciones, por lo que preferí darle lugar a la espontaneidad. Lo maravilloso del viaje de arquitectura es que le permite a cada uno de los integrantes del grupo descubrir China a su manera. Ya sea perdiéndose en un Hutong en Beijing antes de tomarse un trago en Sānlǐtún (三里屯), caminando varias horas por The Bund en Shanghái o en una noche de locura en Hong Kong.

No está demás pensar en China como opción de vida. Debe tenerse en cuenta que este país está compuesto por distintas regiones, cada una con su historia, cultura e intereses económicos y que, a veces, las mejores oportunidades están allí donde nadie se anima a ir. Tal vez, algún día, se les presente la posibilidad de seguir su carrera en el gigante asiático. De mi parte, sólo me resta decirles que China es una opción de desarrollo profesional que vale la pena y que, a la larga – y a la no tan larga también- trae muchas satisfacciones. Ojalá que, durante los días que permanezcan en la tierra de Confucio, puedan tomarse unos minutos para pensar si hay, o no, una China en su futuro.

Bibliografía

XI JINPING (2013). El gobierno y la administración de China. Beijing: Órgano de prensa del PCCh
ABRAMI, M; KIRBY, W; y MCFARLAN, F. (2014). Can China Lead? Reaching the Limits of Power and Growth, 
Boston: Harvard Business Review Press
s/d. (2014). Why Hong Kong remains vital to China’s economy. 2015, de The Economist Sitio web: http://www.economist.com/blogs/economist-explains/2014/09/economist-explains-22
DÍEZ, P. (2014). China quiere poner coto a la Arquitectura Rara. 2015, de ABC.es Sitio web: http://www.abc.es/estilo/gente/20141030/abci-china-arquitectura-rara-201410282011.html

 

Notas

1 (Regina M. Abrami, William C. Kirby y F. Warren McFarlan, Can China Lead? Reaching the Limits of Power and Growth, Harvard Business Review Press, 2014, Cambridge).

2 Pág. 135

3 http://www.abc.es/estilo/gente/20141030/abci-china-arquitectura-rara-201410282011.html

4 http://www.economist.com/blogs/economist-explains/2014/09/economist-explains-22 Este artículo trata acerca de por qué Hong Kong continuará siendo fundamental para China

Lic. Nicolás Santo Rosenblum

Columnista invitado

Licenciado en Derecho egresado de la Universidad de Montevideo. Maestría en Derecho Chino por la Escuela de Leyes de la Universidad Tsinghua. Ha sido investigador invitado de la Universidad de Harvard, donde profundizó sus conocimientos en relaciones China-América Latina. Sus columnas han sido publicadas en diversos medios nacionales e internacionales, incluyendo China Daily, Business Spectator y El País. Ha sido consultor del Banco Interamericano de Desarrollo para el proyecto Connect Americas. Actualmente es consultor del gobierno chino en promoción de inversiones en Foshan.

01. Shanghai. Foto: Pablo Canén.

02. Shanghai. Foto: Pablo Canén.

03. Shanghai. Foto: Pablo Canén.

04. Hong Kong. Desde el pico Victoria. Foto: Pablo Canén.

05 Hong Kong. Foto: Pablo Canén.

06. Hong Kong. Foto: Pablo Canén.