Tres utopías soviéticas


En febrero de 1917 una revolución popular derrocó a Nicolás II, el Zar de Rusia, culminando un complejo proceso revolucionario iniciado a fines del SXIX. El país se encontraba inmerso en la Primera Guerra Mundial, lo que precipitó el descontento popular y los acontecimientos. Luego de varios meses de confusión y maniobras, en octubre de 1917 los bolcheviques guiados por Vladimir Ilich Uliánov (Lenin) tomaron con un audaz golpe táctico, el poder en la capital, Petrogrado. El nombre original San Petersburgo había sido rusificado al comienzo de la Primera Guerra Mundial, por tener connotaciones germanas. Desde allí Lenin y su estado mayor dirigieron y extendieron la revolución. Rusia en toda su extensión se sumergió en una guerra civil entre rojos y blancos. Las principales potencias de la época enviaron contingentes de apoyo a los ejércitos blancos para derrocar a los bolcheviques. Luego de horrendos enfrentamientos que traumatizaron de modo indeleble a la sociedad, los rojos triunfaron y en 1922 se conformó la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), de la cual Rusia fue la piedra angular. Estos acontecimientos reestructuraron desde la base la sociedad e impactaron en todos los aspectos de la vida, políticos, económicos y culturales.

Los sucesivos cambios en la dirección política de la Unión Soviética se expresaron en la orientación general de su arquitectura.

Tres fueron las oleadas de fe que estremecieron al país en un intento de realizar la utopía. En realidad los protagonistas no entendían el socialismo y el comunismo como una utopía sino como una científica necesaria conclusión de la historia de la humanidad organizada en sociedad.

Este suceder objetivo que llevaría a la decrépita sociedad capitalista a destruirse y ser reemplazada por el comunismo debía simultáneamente ser ayudado a parir por la voluntad revolucionaria de la clase obrera conducida por su núcleo de vanguardia el partido comunista.

Cada uno de los tres impulsos se asocia a un líder comunista soviético. De hecho fueron los tres sucesivos gobernantes de la URSS: Lenin, Stalin y Jrushev.

Con la caída de Jrushev comienza la llamada era del estancamiento, en la cual el impulso utópico se pierde. La sociedad acepta el discurso predominante pero no lo cree. Ni lo creen sus líderes. Veinte años de un círculo vicioso concluye con la Perestroika de Gorvachov que termina de modo imprevisto por sus iniciadores con la disolución de la Unión Soviética en 1991.

Han pasado 25 años de ese evento y hoy podría decirse que Rusia pretende recrear un peculiar cuarta utopía bajo el liderazgo del nuevo caudillo Vladimir Putin, para quien la disolución de la URSS fue la tragedia más importante del SXX.

Utopía uno. La vanguardia soviética. ЛЕНИН.

La vanguardia revolucionaria rusa de los ’20 fue uno de los episodios más fértiles de toda la historia del modernismo. Solo ahora a fines de siglo se percibe su potencia y relevancia”

Catherine Cook

La utopía se transforma en realidad. El cuento de hadas se hace realidad. Los contornos del socialismo se conformarán con carne de hierro llena de sangre eléctrica, y se habitarán de vida. La velocidad de la construcción socialista supera las más audaces predicciones. En esto reside el carácter distintivo y la esencia de nuestra época”

I. Chernia. “Las ciudades del socialismo”.

“…la ira de los trabajadores

Se condensa en nubes de tormenta.

Y como relámpagos fulminan

Los libros de Lenin”

Vladimir Mayakovsky.

El arte fue utilizado por el joven estado soviético de un modo inédito en la historia, como propaganda político ideológica. Los artistas se apropiaron de la ciudad, haciéndola objeto de celebración colectiva de los acontecimientos revolucionarios, exorcizando así los males asociados a la ciudad capitalista por Engels y Marx.

Los arquitectos fueron influenciados por las investigaciones de críticos literarios, escultores, pintores, artistas gráficos, poetas, dramaturgos y cineastas. El nuevo poder soviético impulsó el desarrollo de nuevos programas arquitectónicos funcionales a su ideología. Habiéndose abolido la propiedad privada del suelo urbano, el estado se convirtió en el único “cliente” para los arquitectos, un cliente colectivo de nuevo tipo.

Estos factores confluyeron en la gestación de un movimiento en arquitectura que se conoce como la Vanguardia Soviética y que tenía en común un rechazo radical por el pasado y una búsqueda apasionada de una nueva estética para el arte y la vida. Una nueva arquitectura en unos nuevos programas para un nuevo e inédito orden social en construcción.

Los orígenes del nuevo lenguaje arquitectónico se remontan a las búsquedas en los últimos años del zarismo. Tátlin con sus esculturas llamadas “contra-relieves” explorando cómo los nuevos materiales podían generar nuevas formas en arte y el pintor Maliévich con su “suprema abstracción” de la forma.

Los arquitectos se implicaron en lo que entendían una revolucionaria tarea, de dar espacio y forma a las nuevas necesidades del estado socialista. Por medio de los nuevos edificios se pretendía acelerar la materialización del objetivo final: la sociedad comunista y la aparición del “hombre nuevo”. Buscaron asociar la estética con la ética legitimados por la teoría marxista-leninista en el poder. Creían con fervor que la arquitectura podía transformar al hombre en sus costumbres y en su propio “ser”, y que los edificios podían servir de “condensadores sociales”, de “catalizadores” de la sociedad nueva, verdaderas “usinas de comunismo”. La arquitectura se elevó al mismo nivel que el cine y la literatura en su capacidad de influenciar en la conducta de las masas.

La terminología usada en esas ideas fuerza, refieren a la Física y a la Química y refleja la aproximación marxista de la sociedad como un objeto factible de ser estudiado y resuelto según leyes “científicas”. La nueva era se expresó también en un nuevo lenguaje. No es casualidad, por ejemplo, que los nombres de los equipos de fútbol soviéticos fundados por esos días reflejen la misma cultura (Dynamo, Lokomotiv, Zenit, etc). Guinzburg hablaba del “frente” de “lucha por” el comunismo a través “de la arquitectura contemporánea”. Varias de estas expresiones serían utilizadas en el futuro por la cultura comunista influenciando a toda la izquierda en general. Por su parte, el propio término “vanguardia” ayuda también a entender la sensibilidad predominante en esos días. Extraído de la jerga militar, y muy utilizado en la cultura comunista, refería a un grupo selecto de personas (en política los bolcheviques), dispuestas a dar todo de sí por la causa y que gracias al manejo de un método exacto y científico podían analizar la realidad social y trazar con lucidez las políticas más correctas y eficaces para transformarla a través de la herramienta leninista por excelencia: el Partido. La vanguardia bolchevique conduciendo a la clase social de vanguardia, el proletariado, en la redentora tarea de acelerar la caída del viejo mundo y el advenimiento del nuevo, sin más clases sociales.

Los filósofos hasta ahora se han encargado de interpretar el mundo. De lo que se trata es de transformarlo”, había escrito Marx unas décadas antes. Toda u-topía necesita un topos para dejar de serlo y convertirse en algo real, y los arquitectos disfrutan creándolos. El marxismo pretendía ser una teoría científica, una superación del socialismo utópico previo. Así como los bolcheviques de partido se vieron a sí mismos como demiurgos de la nueva sociedad, el socialismo y el comunismo, los arquitectos entraron en acción por la misma causa. También fueron hechizados por tales urgencias apocalípticas y de resurrección final y finalmente serían consumidos por el fuego mismo del proceso al igual que la mayor parte de la vieja guardia bolchevique.

La experiencia social fue única, brillante, arrebatadora y seductoramente siniestra, dejando una gran huella también en la arquitectura rusa y mundial.

Durante casi todo el SXX se le prestó muy poca atención debido a la separación del mundo en dos zonas excluyentes. Hace veinticinco años, con la disolución de la URSS, la historiografía occidental de arquitectura comenzó a reescribir la historia de la vanguardia soviética en el movimiento moderno internacional. Aún existen sin embargo, zonas oscuras y confusiones. Al liso y llano desconocimiento en Occidente de las realidades rusas, se ha sumado la ocultación premeditada y la distorsión de la propia historia por el poder soviético que dominó hasta fines de los ´90. Distorsión, ocultamiento y reinvención. Como con cualquier historia pero llevado al límite como en general sucede en las tierras de los eslavos. “En Rusia nunca se sabe lo que va a suceder ayer”, escribió con agudeza un historiador sobre su propio país.

Fundamentales en la revalorización en Occidente de la experiencia de las vanguardias soviéticas fueron a principios de los ’90 Katherine Cook (Reino Unido), Alexandro di Magistris (Italia), Alessandra Latour (Italia) y Jean Luis Cohen (Bélgica). En la URSS fue Selim Jhan Magomédov quien en la década de los ’60 llamó la atención sobre la rica herencia de la vanguardia olvidada por la entonces historia oficial y durante 40 años escribió e investigó profusamente sobre cada uno de los arquitectos de los años ‘20 y ’30 del SXX. En la Rusia actual la producción intelectual al respecto es muy grande.

La vanguardia soviética en arquitectura estuvo a grandes líneas compuesta por dos movimientos organizados, los racionalistas y los constructivistas, e individualidades que se situaban en algún lugar entre ellos entre quienes destacan Miélnikov y Gólosov. Su actividad se desplegó en medio de una coexistencia ambigua con tendencias eclécticas y conservadoras que luego re-emergerían como respuesta más coherente a la re-orientación política de la URSS.

Aún bien entrado el SXXI se sigue muy a menudo cometiendo el error conceptual de reducir la vanguardia rusa a los constructivistas. En la base del equívoco está el hecho de que el Constructivismo fue el movimiento más radical en sus ideas y que sistematizó con más rigor su teoría contando para ello con una influyente revista que se editó entre 1926 y 1930. Por otra parte los edificios realizados por las distintas corrientes e individualidades de la vanguardia (quizás con la única excepción de Miélnikov), llaman a confusión, pues son muy similares en lo formal. Y sin embargo responden a filosofías y métodos de diseños diferentes. A veces antagónicos.

La vanguardia soviética no se puede reducir a uno de sus movimientos, el Constructivismo. De hecho los distintos grupos e individuos sostuvieron entre sí feroces disputas intelectuales, profesionales y personales, por cuales deberían ser los principios que determinaran la creación de la nueva arquitectura soviética, las cuales en general, terminaron en tragedias también intelectuales, profesionales y personales. Cada uno de ellos se creía en posesión de la línea política y arquitectónicamente justa. En suma de la “verdad”. “Verdad” era no casualmente el nombre del principal periódico de la URSS (“Pravda”). La tradición cristiana ortodoxa unida en un solo y vigoroso tronco con el vértigo del leninismo.

Los ideólogos de la vanguardia, coincidían sí en que la nueva arquitectura, la “verdadera”, debería ser un fenómeno nuevo que abandonara la reinterpretación de los viejos cánones y por eso se consideraban “modernos”, pero a partir de ahí empezaban diferencias profundas de concepción. Ni Mélnikov, ni Chérnikov ni Gólosov, quienes se encuentran entre los más conocidos nombres de la vanguardia soviética, eran “constructivistas” como se da en general por sentado de modo superficial. Ni lo eran sus proyectos y edificios, que pasaron a la historia como símbolos de esa vanguardia. Mucho menos “constructivistas” eran los integrantes del movimiento racionalista ruso. La apasionante discusión de porqué no lo eran lleva directo al núcleo de la gran experiencia de la vanguardia soviética de los 20.

Todos los principales arquitectos de la vanguardia fueron docentes en los institutos de la época. Como tales desempeñaron un rol clave pudiendo implementar sus teorías e influir sustancialmente en la formación de las primeras generaciones de arquitectos puramente soviéticos. Los institutos de arquitectura soviéticos se convirtieron en auténticos laboratorios.

Los Racionalistas, organizados en torno a la figura de Ladovski, consideraban el espacio como la materia prima de la arquitectura. Se nuclearon en la ASNOVA (Asociación de Nuevos Arquitectos) fundada en 1923. Sus investigaciones se centraron en la psicología de la percepción. Entendían que la arquitectura nueva y correcta debía buscar en última instancia la máxima eficiencia en términos de energía psicológica implicada en el uso de los edificios por sus usuarios. A diferencia del racionalismo tecnológico el suyo era un racionalismo de la percepción. El gasto energético perceptual debería ser el mínimo necesario. La composición en el proceso de proyecto seguía siendo para ellos de vital importancia. En ese sentido continuaban la tradición académica.

La composición del espacio era lo principal.

Los racionalistas rusos estaban interesados en la forma externa más que en la organización interna del edificio. Su aproximación a la nueva forma fue esencialmente escultural. La organización interna de las nuevas funciones no desempeñaba para ellos un papel significativo en la generación y construcción de la forma el cual es precisamente el caso de los constructivistas.

Los Constructivistas aparecieron varios años después que los racionalistas. Se agruparon en torno a los hermanos Vesnin y a Moisé Ginzburg, su teórico principal y constituyeron la OSA (Unión de Arquitectos Contemporáneos) fundada en 1925. Guinzburg por su parte sistematizó su pensamiento en su libro “Estilo y Época”. La crítica de arquitectura británica Catherine Cook, una de las principales especialistas en la vanguardia soviética del SXX, consideró que comparado con texto, en términos de rigor y profundidad, “Hacia una arquitectura” de Le Corbusier, no pasaba de ser un artículo periodístico.

Para estos arquitectos el constructivismo era un método de diseño. Rechazaban de plano que fuera un nuevo “estilo”. Pretendían haber creado un cuerpo teórico y un sistema acorde con los tiempos, para crear la necesaria arquitectura. Consideraban el suyo el único método correcto materialista dialéctico (marxista-leninista) para el diseño en arquitectura. Como tal, pretendía ser un método científico preciso con pasos claros a seguir. Para los constructivistas la única arquitectura socialista posible por socialmente responsable era la que se basaba en un método de proyecto correcto, el cual partía del análisis objetivo y multidisciplinario de la realidad social. Ginzburg le llamó “Método funcional” o “Método de laboratorio”. Constituyó un método de trabajo, de investigación y de enseñanza en arquitectura.

Se trataba de generar los edificios de adentro hacia afuera, “construirlos” en el sentido conceptual, partiendo del análisis espacial de las funciones y los flujos y a partir de ahí siguiendo un método lineal que iba comprendiendo más aspectos del complejo fenómeno arquitectónico, hasta llegar a una síntesis final integral.1

Los Racionalistas proyectaban componiendo. Los constructivistas lo hacían “construyendo” conceptualmente el edificio, inspirados en la metodología estructuralista de los formalistas rusos en literatura.1

En lo formal los edificios constructivistas y racionalistas realizados parecen pertenecer a una misma corriente, a pesar de ser productos de metodologías y filosofías diferentes. Según Ján Magomédov ambas corrientes cavaron el mismo túnel desde direcciones opuestas y se encontraron en el mismo punto: la arquitectura realizada.

Miélnikov fue la personalidad más descollante por su camino individual. Fue el arquitecto vanguardista que más obras realizó. Rechazaba cualquier sistema teórico por dogmático y huía de las agrupaciones organizadas. Mantuvo contactos con los racionalistas y se enfrentó duramente con los constructivistas. De feroz independencia de criterio era la antítesis de un pensador sistemático, aún en un contexto político social muy peligroso para tales anárquicas posturas. Creó algunas de las más originales obras de la arquitectura moderna en sus clubes obreros, sus garajes y su casa propia en Moscú.

Como todos los otros actores del drama, en las discusiones teóricas simplificó las posturas de sus rivales, los constructivistas, para mejor demostrar su “incorrección”.

Su método de proyecto era tradicional e individualista. Diametralmente opuesto al constructivista. Asignaba un papel clave al talento, el instinto y la inspiración individuales con su irrepetible impronta. “Arquitectura es aquello en donde puedo decir mío”….Precisamente esos factores casuales que los constructivistas consideraban propios de la arquitectura tradicional y los cuales pretendían haber superado con su método científico “constructivista” de proyecto.

Frederik Starr resumió intensamente toda la gloria y tragedia de este arquitecto ruso en el título de su biografía: “Miélnikov, un solo de arquitecto en una sociedad de masas”.

Las artes de vanguardia pretendieron ser un catalizador ético y estético de una nueva era. La arquitectura soviética de vanguardia buscó crear un nuevo programa, revolucionando la producción y el uso social de sí misma, proyectando los edificios para una nueva infraestructura político social. Su actividad se desplegó en el contexto político de la NEP de Lenin, la Nueva Política Económica que implicaba un aflojamiento táctico del control estatal de la economía para permitir a la sociedad socialista un estratégico salto adelante.

Los especialistas académicos consideran a la vanguardia soviética en arquitectura como la cuarta piedra fundamental del movimiento moderno internacional junto con los alemanes, los holandeses y los franceses.

Utopía dos. El expresionismo estalinista. СТАЛИН

El pueblo también tiene derecho a columnatas”

Anatoly Lunacharsky. Comisario soviético para la Cultura.

Pues la idea de que siempre y en todas partes donde haya hombres hay política es ella misma un prejuicio, y el ideal socialista de una condición final sin estado, lo que en Marx significa sin política, no es de ninguna manera utópico; es sólo escalofriante”

Hannah Arendt. “¿Qué es la política?”

Obligados a elegir, hemos tenido que sacrificar ciertos valores a otros, lo cual representa la esencia de la tragedia. Pero es tan sólo al precio de una experiencia tan intensa como aparecen bajo una nueva luz las antiguas verdades”

Czeslaw Milosz. “Otra Europa”.

Hacia fines de la década de 1920, Stalin se había hecho con “todo el poder” de los soviets. Trotski, Kámeniev y Zinóviev; los otros principales líderes bolcheviques de la época de Lenin, fueron expulsados del Comité Central. Posteriormente los dos últimos fueron ejecutados y el primero exiliado. La URSS se adentra en una nueva etapa, una utopía dentro de la utopía. Lo irreal se hace real, lo real hiper-real y la sociedad se sumerge en una esquizofrenia fantástica y demoníaca. Lo que realmente sucede y es, para el discurso social soviético no sucede y no es, porque no debe ser, porque así lo decreta el Partido y el Caudillo y así lo acepta toda la sociedad.

Se considera que la revolución ha triunfado pero se plantea que la lucha de clases se agudiza más aun en su etapa final. Es la propia lógica de la revolución devorando primero a sus enemigos, luego a sus más fieles hijos. No hay descanso posible para la sociedad y toda la URSS se lanza en otra colosal empresa voluntarista abandonado la política de la NEP. Se produce la llamada Revolución Cultural. Se lanza el Primer Plan Quinquenal fijado para 1928-32 y la industrialización forzada del país. El Estado se ceba contra el campesinado y se desata una hambruna catastrófica que cuesta millones de vidas. Paralelamente se dispara el terror masivo que pone en cuestión el mismo derecho a la vida y generaliza la tortura y desaparición de ciudadanos, especialmente comunistas, acusados de ser “enemigos del pueblo”. Mientras Stalin declara que nunca antes se había vivido mejor, ningún ciudadano soviético se duerme seguro de que a la mañana siguiente no desaparecerá para siempre o será en el mejor caso detenido, torturado y luego enviado a cumplir 10 años al GULAG siberiano. Desapariciones masivas de ciudadanos. Poder absoluto del nuevo zar rojo y su pandilla de aduladores. Impunidad absoluta de los servicios de represión y la policía política. Terror, susurros y silencio que marcarán a la sociedad y el modo ruso de ser por décadas y hasta la actualidad inclusive. La delación se generaliza como una epidemia. Las gentes se delatan como enemigos del pueblo, incluso entre familiares. Paralelamente el discurso oficial festeja la creación de la constitución de la URSS como la más avanzada del mundo. La utopía se convierte en una pesadilla kafkiana tan vasta, tan profunda y siniestra que la mente no alcanza a procesarla; y abordarla en pocas líneas casi inevitablemente implica la banalización. Todo en un complejo contexto internacional que tiende de modo inevitable a lo que será la Segunda Guerra Mundial. En 1941 Hitler invade la URSS y comienza otra pesadilla más para su pueblo que solo culminará en 1945 al costo de más de 20 millones de vidas y la destrucción urbana masiva.1Culminada la guerra en 1945, emerge la URSS como superpotencia militar junto a los EEUU y será este el último período de la segunda utopía soviética, hasta 1953 en que muere Stalin. Son los años del comienzo de la Guerra Fría y la carrera por las armas atómicas y el control ideológico del mundo.

El período se asimila en arte al realismo Socialista.

A principios de la década de 1930 se produjo un cambio sustancial en la arquitectura soviética. Se prohibieron todas las organizaciones independientes afectando también a las de arquitectos. Toda la actividad profesional quedó encuadrada en una sola organización con el objetivo de generar una única y correcta política arquitectónica y urbana. Se conformó la única asociación legal de arquitectura en 1932, la Unión de Arquitectos de la URSS, y en 1933 la Academia de Arquitectura de la URSS. Fue abolida la práctica privada de la arquitectura, como había sido abolida la propiedad privada con la revolución. Es sugestivo por su parte, el hecho que de todos los profesionales relacionados con la creación artística los arquitectos fueron los que menos persecución física sufrieron. En esos días, en Alemania, Hitler se convertía en el “Caudillo” del pueblo alemán. Los rusos también comenzaban a llamar a Stalin exactamente igual, su “Caudillo” (Вождь).

Moscú se transformó en un gran laboratorio urbanístico que atrajo a lo mejor de la arquitectura europea. Era un experimento único y trepidante. Realizado en condiciones únicas, de total control por parte del estado de la superficie urbana, lo que permitía intervenciones imposibles de lograr en los países capitalistas. El rol simbólico era enorme, la capital del proletariado mundial en el único lugar del planeta en donde se estaba implementando el socialismo “realmente existente”, como se le llamaba desde la cultura comunista soviética y pro-soviética, a modo de legitimación por la praxis. Un gran experimento político, económico, social y cultural, a partir de ideas, cuya materia prima principal fue el pueblo ruso y los pueblos soviéticos. En arquitectura un experimento con hormigón armado y vidrio, con territorios urbanos….y con gente. La politización de la estética y la “estetización de la política” según la expresión del filósofo alemán Walter Benjamín en 1936.

El concurso para el Palacio de los Soviets de 1931 marcó el fin y el comienzo de una época. Allí resultaron perdedores los proyectos de los mayores exponentes del movimiento moderno internacional, desde Vesnin a Le Corbusier. El edificio rematado con una estatua de Lenin de 100 metros debería dominar la silueta de Moscú y ser visto desde decenas de kilómetros. Sería el edificio por excelencia del estado proletario donde se reunirían los congresos comunistas y desde donde se dirigiría la esperada revolución mundial. La arquitectura como un símbolo político de alcance internacional.

Se impuso una concepción que venía gestándose y de hecho coexistió durante toda la década de 1920 con los experimentos de vanguardia. Por ser la expresión del afianzamiento de Stalin en el poder, la crítica arquitectónica ha sido superficial en su tratamiento, siguiendo atrapada en la confusión de ética con estética, la misma que engolfó a los arquitectos soviéticos tanto de la vanguardia como del realismo socialista. Solo en la última década se ha abordado esta arquitectura con más rigor y profundidad. Aún siendo producida en años delirantes de acuerdo a teorías con ribetes demenciales, en donde la vida de un individuo carecía del mínimo valor, aportó en particular a Moscú, la cualidad que la hace única y de una riqueza extraordinaria en lo urbanístico arquitectónico.

La británica Catherine Cook fue de las primeras en hacer notar que las mismas críticas que se dieron en los ‘60 y ‘70 al movimiento moderno internacional en occidente y desembocaron en el post modernismo occidental, habían tenido lugar 50 años antes en la URSS, precisamente con el ocaso de las vanguardias y la aparición del neoclásico o expresionismo de Stalin.

El estado liquidó la diversidad en arquitectura y en arte. Sería sin embargo simplista considerar a los artistas y arquitectos soviéticos como víctimas indefensas del totalitarismo. Todo fue más complejo y obedeció a fenómenos socioculturales que no conviene abordar esquemáticamente y que requieren un análisis que excede con mucho a lo tratado aquí.

Por otra parte, como indica Frederik Starr, el abandono de los estilos de vanguardia de los ´20 a favor de una gran monumentalidad, ciertamente no fue algo privativo de la URSS y no solo dependió de factores políticos, como lo sería la consolidación del totalitarismo estalinista. Docenas de edificios construidos por esos días en Washington DC podrían ser asimilados así a la estética estalinista.

La primera utopía soviética se expresó en el contexto del comunismo de guerra en los años inmediatos a la revolución. El ascetismo bolchevique y la rigurosa ética revolucionaria parecieron formalizarse en la estética lacónica de los edificios de la vanguardia. La segunda oleada utópica tiene otras motivaciones profundas. Refleja el deseo de opulencia. ¿Para qué al fin y al cabo se había hecho la Revolución? La sociedad estaba exhausta y cansada de privaciones. El socialismo desarrollado era necesario de inmediato. La viuda de Lenin se refirió a los edificios de vanguardia como aburridas cajas de zapatos de las que el pueblo ya estaba cansado.

El Realismo Socialista en arquitectura pretendió ser una aproximación correcta y total. La arquitectura adecuada para el proletariado en la etapa socialista que se entendía estaba viviendo. Se cambió la dirección de la búsqueda mirando a la antigüedad griega, romana y al renacimiento. Este renacer historicista, no fue sin embargo entendido como una mera copia o collage ecléctico. Buscaban la arquitectura total, atemporal, eterna. El historicismo post vanguardista soviético no fue un retorno al pasado, sino una búsqueda de una arquitectura final que reflejara lo que socialmente sería el fin de la historia, que no era otra cosa que la historia de la explotación y la lucha de clases. La arquitectura ideal como expresión de la sociedad perfecta y atemporal, sin contradicciones. El fin de la dialéctica, el “cuadrado blanco sobre fondo blanco” de Maliévich. El Todo. El Bien. El Comunismo.

En la década de 1930 hubo distintas búsquedas dentro de la línea general que se pueden resumir en tres vertientes: el revival neoclásico y renacentista, un eclecticismo compuesto por estilos exóticos orientales y un original lenguaje neoyorquino rusificado de rascacielos, que combinaba elementos del clasicismo académico con exotismos nacionales y tradiciones rusas. Mención aparte merece una línea fina y nítida de obras que combinan de modo inédito y en distintos grados el lenguaje de la vanguardia con el del realismo socialista de Stalin.

Al culminar la Segunda Guerra Mundial, en la arquitectura soviética se manifiesta un estilo ahora sí unificado al que puede llamarse realismo socialista. Es la hora del triunfo y la gloria, y la arquitectura debe ser el vehículo ideal para su expresión.

En los hechos, la producción arquitectónica de la era estalinista en sus dos períodos de pre y post-guerra, fue enorme. Las intervenciones urbanas y las obras arquitectónicas realizadas configuran gran parte de la Moscú actual, dándole en su escala y su estética la particularidad y el encanto que le hace única.

En occidente se percibe a la vanguardia soviética de los años 20 como un crisol de creatividad y pluralismo y al período de la arquitectura de Stalin como una reacción autoritaria. Un engendro, así en política como en arquitectura. Se pasa por alto entre otras cosas, el hecho de que todos los exponentes de la vanguardia soviética eran muy totalitarios y fundamentalistas en sus propuestas. Aunque en los hechos el producto fue plural y de una intensidad creativa insólita, lo que buscaba cada uno de los arquitectos y artistas de los ’20 era la aceptación por el Partido de su propia propuesta para imponerla “totalmente”, en el experimento social en curso.

En este sentido, y aunque parezca una herejía, se puede entender la arquitectura de la era de Stalin no como la antítesis de la arquitectura de vanguardia sino como la evolución natural de la misma, solamente que en una línea no prevista por los vanguardistas. Así lo entiende Boris Groys en su libro “Stalin la obra de arte total”.

Se trata del reflejo en el mundo de la arquitectura del mismo y profundo interrogante sobre uno de los más incomprensibles y fascinantes fenómenos del SXX:

¿Fue el estalinismo una contrarrevolución a la auténtica revolución leninista? ¿O fue la inevitable consecuencia natural de la misma cuando esta se vio dueña total de la sociedad? ¿Fue Stalin un monstruo que abortó los sueños de Lenin o estaba ya contenido en la misma lógica desencadenada por el líder bolchevique?

En Rusia el hilo de la arquitectura conduce a los más desconcertantes abismos del SXX.

Según Ján Magomédov, si la primer utopía, la bolchevique del primer modelo ortodoxo socialista se expresó en la arquitectura de los 20 y se enfocó en problemas sociales y éticos (clubes obreros, casas comunales, cocinas colectivas, casas de descanso y deporte), la segunda utopía, la desatada en los ’30 tuvo como motivación principal la creación de un estado todopoderoso donde todo fuese prestigioso y bello. Poder y prestigio. Así en la faz de la tierra como en el aire, en el agua y en las profundidades. El Palacio de los Soviets, el Canal del río Moscova, viviendas hechas palacios, el Metro de Moscú, todo unido en un gran plan rector. Palacios y más palacios, Palacio de la Cultura, Palacio de los Soviets, Palacio del Deporte, Palacio del Pueblo….y nuevas “catedrales”, Catedral del Pueblo, de la Ciencia, de la Cultura, del Deporte, del trabajo. Nuevos contenidos para viejos lenguajes.

Pero el crítico de arquitectura ruso no se llamaba a engaño y simplismos. Escribió con fino sentido que de haber sido construido el Palacio de los Soviets no hubiera dañado la imagen de Moscú más de lo que lo hizo en su momento la misma Torre Eiffel con París.

Las obras del período estalinista fueron ridiculizadas por la crítica académica occidental durante largo tiempo. En la actualidad se han redescubierto como obras de gran calidad en su lógica. Fueron una reacción a la vanguardia. Una paradójica continuación del modernismo y una negación del mismo. Una suerte de contra-modernismo y en cierto sentido un proto-post modernismo, cuarenta años antes del aparecido en Occidente.

Las grandes realizaciones públicas del período, el Metro de Moscú, los puentes sobre el río Moscova, el Parque Gorki de la Cultura y el Descanso, los siete edificios en altura de Stalin, la Exposición de los Logros Agrícolas (VDNJA), constituyen de hecho la esencia misma del Moscú actual y son vividos por los moscovitas como símbolos de una época gloriosa y de las mejores alturas alcanzadas en la Unión Soviética.

La segunda utopía soviética implicó catástrofes de tal magnitud que traumatizaron aún más a la sociedad rusa y conformó tabúes, pautas y rasgos de su carácter, que están vivos en la sociedad y los rusos de la actualidad.

Utopía tres. Neomodernismo. ХРУЩЁВ

La verdadera utopía no es algo que uno se imagina, un sueño, sino que es algo que surge de un impulso, de una necesidad pura y auténtica de sobrevivir, una necesidad de supervivencia cuando uno se encuentra en una situación en la que ya no es posible una salida dentro de las coordenadas de lo habitual”

Slavoj Zizek

Gracias al trabajo abnegado del pueblo soviético y a la labor teórica y práctica del Partido Comunista de la Unión Soviética, el género humano cuenta con una sociedad socialista existente en la realidad y con una ciencia de la construcción del socialismo comprobada en la práctica.

La vía magna que lleva al socialismo está trazada”.

Nikita Jrushev- Programa del Partido Comunista de la Unión Soviética. Aprobado por el XXII Congreso.Moscú 1961.

El marxismo es todopoderoso porque es justo”

Lenin

Al morir Stalin en marzo de 1953, después de unos cortos y violentos choques por el poder, Nikita Jrushev se convirtió en el dirigente máximo de la URSS, hasta 1964, año en que fue discretamente derrocado por un golpe interno en el Kremlin que dejó a Leonid Brezhnev como jefe máximo de la URSS.

Jrushev, con su famoso discurso de 1954 a los arquitectos y constructores cambió una vez más de modo radical el rumbo de la arquitectura soviética. A fines de los ´50 y principios de los ´60 se vivió en Rusia el llamado “deshielo”. La primer “Perestroika” o reconstrucción del socialismo en marcha. Se abrieron las puertas de los campos de concentración soviéticos (el Gulag) y se distendió la sociedad en todos sus niveles, aún en el marco rígido y totalitario del sistema soviético.

Esta producción de la primera perestroika casi no fue abordada por la historiografía occidental y representa sin embargo un importante momento de la historia de la arquitectura soviética.

El nuevo estilo de los ´50 y ´60 nació en el contexto cultural de distención que siguió a la muerte de Stalin, nutriéndose de viejos valores de la vanguardia de los ´20 combinado con las tendencias internacionales y las nuevas tecnologías. La sencillez, la economía, la autenticidad, la funcionalidad y la prefabricación se convirtieron en sinónimo de alta arquitectura. En la industria de la vivienda el detalle fue sacrificado a las rústicas esencias del vivir bajo un techo y a la prefabricación en masa.

Los arquitectos soviéticos estaban convencidos de que estaban materializando los edificios que usarían las generaciones de niños que vivirían el advenimiento del comunismo. En el informe del XXII Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética, en 1961, se afirmaba que las bases materiales de la etapa superior del socialismo, a saber el comunismo propiamente dicho, comenzarían a conformarse hacia 1980. Desde el SXXI y a la vista de los resultados, es sencillo afirmar que se trataba de una profecía y en todo caso de una conclusión pseudocientífica. Pero en esos días de fines de la década del ’50 y comienzos de la década del ‘60 los rusos y los soviéticos en general estaban convencidos de que se trataba de una deducción científica, resultado de la aplicación correcta de la “ciencia del marxismo-leninismo” al desarrollo de la sociedad.

Para que la idea comunista dejase de ser u-topía precisaba precisamente de lugares. Es muy difícil transmitir cual era el estado de ánimo de esa época. No se ve en las fotos ni se puede sentir a través de los textos académicos de historia. Se puede aún escuchar de quienes la vivieron. Es verdad que en las fotos se puede intuir o jalar la atmósfera para siempre desaparecida, si se dispone de la adecuada sensibilidad. Los arquitectos soviéticos de los ´60 creían en la utopía. De hecho como sus predecesores de las décadas anteriores, no la entendían como tal. Muy lejos de ello, se tomaban los asuntos del comunismo muy en serio. Esta fue la tercera gran ola generalizada de fe, desde 1917. La arquitectura de los ´60 buscaba visualizar y materializar adelantos del comunismo latente, en un clima social de connotaciones escatológicas.

En este período la URSS vive la gloria de su triunfo sobre Hitler, empareja a los EEUU con el poderío atómico, aún en un contexto de carencias como huellas de la guerra y por las características burocráticas propias del sistema. El Sputnik en 1957 y el vuelo de Gagarin en 1961 junto con el triunfo de la revolución cubana y la casi inmediata adhesión de Fidel Castro al marxismo leninismo y al bloque soviético, en una isla tan peligrosamente cerca de Miami, encendieron aún más la fe de los soviéticos en el incontenible advenimiento de la sociedad ideal que pensaban estar construyendo desde hacía 50 años. Y esa energía se expandía a todo el orbe. El gran ajedrez entre la URSS y los EEUU que afectaría de un modo u otro a todo el mundo por tres décadas más.

El legendario discurso de Jrushev de 1954 ante constructores, arquitectos, ingenieros y diseñadores de la URSS, es considerado un Manifiesto del Modernismo.1 Allí criticó los excesos decorativos del período anterior y su derroche irracional de recursos económicos. Según la transcripción expresaba Jrushev: “Tenemos la obligación de mejorar la calidad y la rapidez de la construcción y de reducir sus costos. En ese sentido hay un solo camino, el de la más completa industrialización de la construcción” 2”En los edificios en altura (de Stalin) el espacio (usable) excede la norma y el énfasis está puesto en lograr una atractiva silueta. Es un espacio que solo puede ser mirado; no es para vivir o trabajar en él (Reacciones animadas, aplausos y risas)”…”Ciertos arquitectos tienen pasión por agregar espiras en el remate de los edificios, lo que confiere a esa arquitectura una apariencia eclesiástica. Ustedes gustan de las siluetas de las iglesias? No voy a discutir de gustos, pero para edificios residenciales dicha apariencia es innecesaria”. Tal era el tono del discurso. Ya no se acusaba de enemigos del pueblo ni se eliminaba físicamente a los arquitectos que quedaban fuera de la línea oficial. Pero los rusos seguían su amado y tan humano juego de negación de la negación, considerando al pasado inmediato y a sus protagonistas de primera línea, culpables de todos los males.

Ciertamente la URSS debía resolver el problema de la vivienda agravado por la destrucción de la guerra. Gran parte de la población vivía en casas comunas, llamadas “komunalkas”, edificios acondicionados en donde varias familias compartían un mismo apartamento. La prefabricación adquirió un gran impulso. Fueron diseñadas las legendarias “jrushovkas”, edificios de 9 pisos con apartamentos de aproximadamente 30m2, que se extendieron por todo el territorio urbano soviético, desde Brest a Vladivostok. De muy baja calidad, ayudaron sin embargo en buena medida a resolver el agudo problema de la vivienda. Fueron diseñadas por el ingeniero soviético Lagútenko. Inauguraron una modalidad constructiva de viviendas que iría evolucionando y conformaron el paisaje urbano soviético. De hecho en la actualidad el 90% de la población rusa vive en edificios prefabricados. Posteriormente los edificios aumentaron en altura realizándose entre 9 y 16 pisos. Y más adelante aún en la década de los ‘70 y ‘80, entre 25 y 30.

Apareció la expresión de “la junta honrada” en alusión a las juntas de los paneles que quedaban visibles y eran utilizadas como elementos de “decoración”. Las colosales superficies de estos edificios de viviendas abrieron un inusual e inesperado modo de “decoración” por medio de la repetición ad infinitum de balcones, ventanas y juntas, las cuales generan en los distintos momentos del día juegos de figura y fondo a veces espectaculares, adelantándose muy a la manera rusa a la moda del neo decorativismo europeo de los ´90 con su trasfondo filosófico de “pregnances” y “saillances”.

Hacia 1960 habían sido construidos en Moscú 30 millones de m2 de superficie de vivienda y entre 1965 y 1985 se debería duplicar esa cantidad. Hacia fines de 1950 hubo un cambio radical en el concepto de ocupación territorial en la periferia de la capital. En lugar de la realización de los tradicionales bloques de viviendas más o menos aislados, se diseñaron barrios enteros (50.000 habitantes) divididos en micro-barrios (5000 a 18000 habitantes) a su vez subdivididos en “kvartales3 como se llamó a territorios asimilables a grandes manzanas de bloques que no eran atravesados por calles importantes. Estas realizaciones fueron posibles por la centralización de la economía y la ausencia de propiedad privada del suelo urbano. Los apartamentos eran asignados a través de las organizaciones y sindicatos laborales según un complejo sistema. Como en todos los períodos de la URSS, lo que se experimentaba e imponía en Moscú se extendía a todas las ciudades de las Repúblicas Soviéticas. El Plan General para Moscú de 1971, cambió el concepto del Plan de 1935 de un único centro como un “sol con rayos radiantes” por el del “sistemas de estrellas”. Los nuevos “kvartales” eran ciudades autónomas dentro de la gran ciudad. Muy criticados posteriormente por la monotonía de su diseño, conformaron la mayor parte del territorio urbano soviético hasta la actualidad y como siempre sucede con lo “bello” y lo “feo” por fuerza de la costumbre se convirtieron en el modo ruso de vivir en ciudad, que como todo también tiene su propio encanto. Una de las peculiaridades fue la democratización de la vivienda. El mismo defecto de la monotonía formal puede ser visto desde el reverso como una virtud. Al punto que cuando la disolución de la URSS y por muchos años, los nuevos ricos no tenían como enseñar su opulencia a través de la arquitectura de su propio apartamento. Solo se podía adivinar su condición por la marca de los coches estacionados en las veredas.

Esta herencia tan particular en los edificios de viviendas del 90% del territorio urbano ruso ofrece un gran potencial en la actualidad.

La industrialización y prefabricación de los edificios de viviendas fue el signo de la tercera utopía. Pero también hubo obras destacadas particularmente. Todas ellas para funciones públicas encargadas por el estado a colectivos de arquitectos. Estos edificios experimentales en su mayoría tuvieron gran impacto emocional en la sociedad soviética, precisamente por ser únicos en un océano de viviendas tipificadas. Muchas realizaciones de los ´50 y ´60 impresionan por su austeridad y potencia con su escala gigante, tan a la manera rusa.

La tercera utopía mantuvo su impulso más allá de la destitución de Nikita Jrushev. Luego empezaría la era del estancamiento a la cual se asocia la figura de Leonid Brezhniev.

Post utopía

En los años ´70 la URSS comenzó a estancarse económicamente. La propia lógica del sistema político soviético impedía una salida del círculo vicioso. En 1979 la URSS invadió Afganistán, una aventura bélica al estilo del Viet-Nam americano que tuvo consecuencias irremediables para el invasor y para el pueblo invadido. Hacia principios de los ’80 los dirigentes del Kremlin vinculados con el KGB , es decir aquellos que tenían información verdadera y al margen de la impostura del discurso oficial sobre los logros del “socialismo real” , comprendieron la imperiosa necesidad de introducir transformaciones económicas para refrescar el socialismo. En 1985 Gorvachov , como máximo líder de la URSS lanzó su famosa Perestroika económica en un intento último de renovar el sistema. Abrió la caja de pandora y el sistema se desintegró desde dentro seis años después, auto disolviéndose de manera inesperada para amigos y enemigos la URSS, y el experimento soviético. Al decir de Henry Kissinger, la disolución de la URSS en su impacto geopolítico solo puede ser comparada con la caída del Imperio Romano.

 

Notas

1 “El constructivismo es, en realidad, un método de trabajo que busca el camino más fiel y acertado hacia una nueva forma que responda al máximo con el nuevo contenido social”. El objetivo razonable de un colectivo social, de una clase, es el sentido fundamental de nuestro camino”….”Para nosotros la forma es una incógnita constante, que cada vez es definida de nuevo por un objetivo diseñado precisa y revolucionariamente”. pag 361 Moize Guinzburg . escritos 1923-1930 (El Croquis Editorial, Madrid 2007).“En la arquitectura prerrevolucionaria denominada “artística”, como en cualquier arquitectura basada en principios formales, se produce inevitablemente una contradicción entre el carácter práctico del objetivo y su forma. El constructivismo como método propone eliminar por completo esa dualidad y lograr un monismo absoluto”. Pag 338

2 La propia palabra “constructivismo”, en ruso “konstruktzia” (конструкция) implica una construcción conceptual. Para referir a la construcción material, al construir “con ladrillos”, se utiliza el término “stroit” (строить). En ella se puede rastrear una palabra que se haría legendaria décadas después, “perestroika” (перестройка) que significa “re-construir”. El concepto “constructivismo” en arquitectura se inspira de las teorías desarrolladas por vanguardistas rusos para el lenguaje y la literatura.

3 1710 centros poblados y ciudades completamente destruidas, Moscú, Leningrado, Minsk y Kiev severamente dañadas, 32.000 fábricas aniquiladas y 25 millones de personas sin techo.

4 Barth Gooldrhoon, Project Rossya

5 (PR- 25, pag 13)

6 A veces se ha interpretado mal esta palabra rusa en occidente, refiriéndola a los grandes bloques de viviendas. Se trata en realizad de grandes manzanas o agrupaciones de grandes bloques de viviendas que no son atravesados por calles vehiculares.

Arq. Marcel Blanchard

Columnista invitado

Arquitecto. Vinculado a diversas instituciones terciarias de América y Europa, es referente nacional e internacional en en arte, arquitectura y cultura rusas.

01. Póster de propaganda soviética. “¡Levanten alto las pancartas de Marx, Engels, Lenin, y Stalin!” Gustav Klutsism, 1933.

02. Lenin en un póster de los primeros años soviéticos. “Hacia el luminoso futuro de la sociedad comunista. Bienestar para todos y paz duradera!”.

03. El victorioso estratega Mariscal Stalin en un póster de fines de la década del ’40. “Y a la sequía también venceremos” (en alusión a la reciente victoria sobre la Alemania hitleriana).

04. Fidel Castro en su visita a la URSS con Nikita Jrushév. Poster de principios de los ’60. “Salud a la eterna e indestructible amistad y cooperación entre el pueblo soviético y el cubano”.

05. Leonid Brézhniev en un póster de principios de los ’80. “Queremos la paz. Una paz duradera. Este es el fundamento de nuestra política exterior”. (del discurso de Brézhniev al XXVI Congreso del PCUS)