Vindicación del croquis de viaje


La clave es mirar. Mirar, observar, ver, imaginar, inventar, crear.” 1

Le Corbusier

Mientras que el Mirar se relaciona frecuentemente con el vistazo rápido y la ojeada, el Observar está asociado a un mayor detenimiento. La cuarta acepción del Diccionario de la RAE2 nos informa que “observar” es un verbo transitivo que implica “Mirar con atención y recato” Aunque ya desde la tercera acepción se propone como sinónimos a los verbos menos pasivos “reparar” y “advertir”.

El mismo diccionario nos suministra un total de 22 definiciones diferentes sobre lo que es Ver, que abarcan desde lo fisiológico hasta lo sobrenatural. Sin dudas, en el uso que Le Corbusier hace del término “ver” subyace un sentido de entendimiento conceptual, que define un acto de razonamiento o iluminación intelectual. Por eso el crescendo que lleva desde un inocente Mirar dispara procesos mentales que a partir de la observación atenta nos permiten llegar al Ver.

Pero la verdadera clave está en la segunda parte de la frase: “…imaginar, inventar, crear.” Este nuevocrescendo, más intenso todavía, nos plantea que el acto supremo de Crear está precedido por el más modesto Inventar, que a su vez es hijo de la capacidad de Imaginar. Podemos concluir que la lección del maestro consiste en proponernos que en la mirada subyace la semilla de la creatividad, pues aprendemos mirando, o mejor aún: sabiendo mirar seremos capaces de crear.

El registro del Viaje

La realización del Viaje de Arquitectura constituye una experiencia fundante, fermental, trascendente para la afirmación del carácter de los estudiantes. Entendido como culminación de la formación profesional y académica, el Viaje es una práctica eminentemente vivencial que inevitablemente eclosiona en una mayor sensibilidad hacia el espacio, la ciudad y el paisaje. Es que al viajar se aprende a ver los lugares y las arquitecturas. Por lo tanto el registrar lo que se ve es un acto indisoluble del viajar, que convierte al Viaje en un descubrimiento, en un auténtico viaje de estudios.

Entre las muchas maneras de registrar la experiencia adquirida durante un viaje, no caben dudas del potencial que la fotografía tiene como entrenamiento de la mirada. El enorme caudal de experiencias estéticas que el Viaje ofrece constituye una oportunidad única de cultivar la sensibilidad visual y explotarla al máximo.

Sin embargo, estos tiempos consumistas y veloces, de exuberancia de información, de múltiples y omnipresentes dispositivos (cámaras, tabletas, celulares), llevan a que cualquiera pueda sacar fotos, aunque no cualquiera saque buenas fotos. Analicemos unos datos: si durante el viaje de estudios “en promedio cada estudiante toma 15.000 fotografías digitales” 3 y considerando una duración (también promedio) de ocho meses, entonces cada estudiante saca 400 fotos por semana, más de 60 fotos por día. Los números asustan un poco.

¿Exceso de fotos?

En Modos de ver John Berger establece que el consumo de imágenes en general, y de fotografías en particular, está históricamente asociado al deseo de posesión de los objetos representados. Entendidas las fotos como trofeos, la cámara se convierte en un mecanismo de objetualización de la experiencia del viaje, y el registro fotográfico se emparenta así con un cierto fetichismo de la imagen.

Cuando esta práctica se vuelve compulsiva (e incluso obsesiva) la mera acumulación de imágenes y el registro permanente de la experiencia atentan contra la experiencia misma. La obsesión fotográfica puede llevar al sinsentido de fotografiar obras que no se han vivenciado y ni siquiera disfrutado.

Por eso deberíamos ser más selectivos a la hora de disparar la cámara, fotografiar menos y mejor. Prescindir de algunas fotos innecesarias, repetitivas, banales, fotos de obras que hemos visto mil veces, pues hoy en día abundan en la web (hay que decirlo), a veces repitiendo los mismos puntos de vista y los mismos encuadres, fotos que devienen en imágenes canónicas y que al volver a tomarlas recreamos la mirada de lo que otros ya han visto.

En ese sentido cabe preguntarse: ¿Son necesarias tantas fotos?

En lo personal, considero que algunas veces es mejor sacar la libreta y dibujar, o escribir; intentar poner en trazos o palabras lo que la cámara no puede captar. Por ello, desde este lugar pretendo apostar por una vuelta del croquis, un resurgimiento del apunte rápido, una invitación a dibujar más durante el Viaje, como experiencia alternativa, aunque no sustitutiva de la fotografía.

El croquis como registro

Desde siempre el apunte y el croquis de viaje han sido herramientas fundamentales en la formación de muchos de los grandes maestros de la arquitectura del siglo XX. Le Corbusier, Kahn, Aalto, Vilamajó, entre otros, hicieron innumerables dibujos, que nos legaron como registro de sus viajes de estudio.

Uno de los prejuicios o falacias generalmente asumidos sobre la actividad de dibujar supone que todo dibujo se vincula con las bellas artes, y por lo tanto debe ser bello. Esta exigencia de “valor artístico” es enemiga de las ganas de dibujar pues, por lo general, inmoviliza al dibujante dudoso de sus capacidades. No obstante, en el caso del dibujo de viaje el objetivo principal es documentar una experiencia, muchas veces personal e incluso intimista, lo que relativiza la importancia de la calidad gráfica.

Durante el viaje de estudios más famoso de todos, el Viaje de Oriente que Charles-Édouard Jeanneret emprende en 1911, con apenas 24 años (casi el promedio de edad de los estudiantes que hacen el Viaje de arquitectura) el futuro Le Corbusier hace cientos de dibujos, que llenan varios cuadernos o carnets de voyage. La mayoría de ellos son apuntes rápidos, poco atractivos, difíciles de ser vistos como “bellos dibujos”. Sin embargo son excelentes apuntes de viaje.

El arquitecto José María de Lapuerta señala que los carnets de Le Corbusier fueron “concebidos como instrumentos para interrogar a la historia y forzarla a revelar los secretos de la práctica, la destreza y las formas.”4 Por ello la preocupación del gran dibujante que Le Corbusier era no estaba puesta en el valor artístico, sino que su empeño consistía en estudiar la arquitectura, en analizar sus formas; en definitiva, en “aprehender” a través del dibujo. Este aprendizaje autodidacta fijará en su memoria la experiencia adquirida durante sus viajes y lo marcará de por vida. Le Corbusier lo expresa de manera concluyente:

Cuando uno viaja y trabaja con cosas visuales (arquitectura, pintura y escultura), uno usa los propios ojos y dibuja para fijar profundamente en la propia experiencia lo que se ve. Una vez que la impresión ha sido grabada por el lápiz, queda anotada para siempre: anotada, registrada, inscrita. La cámara es una herramienta para ociosos que usan una máquina para que vea por ellos.”5

Trascender lo visual

La mayor limitación de la cámara, en comparación con el dibujo, es su sometimiento a las leyes de la visión: la cámara no permite obtener fotos axonométricas, ni mucho menos hacer secciones o plantas. La foto nos obliga a registrar siempre en perspectiva, mientras al dibujar podemos adoptar cualquier sistema y cualquier punto de vista.

Por la naturaleza de la materia y el espacio arquitectónicos, hay experiencias e ideas que no se pueden capturar en una foto, y en cambio son fácilmente comunicables mediante un simple esquema. El ojo analítico del que dibuja puede penetrar la piedra y el hormigón para develar el orden interno y las relaciones espaciales, o volver visibles los sistemas estructurales y las lógicas compositivas ocultas tras la forma. En definitiva, el dibujo se convierte en una herramienta con la que podemos alejarnos de lo visual para poder trascenderlo.

El rigor y la síntesis

La cámara no permite sintetizar o enfatizar lo que se ve, sino que lo registra todo, incluso lo superfluo y lo espurio. Como sucedía con el personaje de Borges, Funes el memorioso, que poseía una memoria absoluta, capaz de recordar innumerables detalles, pero “no era muy capaz de pensar”. Borges argumenta que: “Pensar es olvidar diferencias, es generalizar, abstraer. En el abarrotado mundo de Funes no había sino detalles, casi inmediatos.”6

El meticuloso rigor de la fotografía es como la memoria de Funes: mecánica y anecdótica. Mientras que al dibujar necesariamente razonamos sobre lo que vemos, y seleccionamos sólo lo que nos interesa; la cámara no piensa, no selecciona. En la selección, en el recorte, está el entendimiento.

Aceleración y tiempo lento

Con la cámara se consigue la captación instantánea de una situación, en cambio para dibujar necesariamente debemos detenernos (al menos unos minutos) para contemplar las cosas y analizarlas, sólo después podremos dibujarlas. Por lo tanto, el dibujo exige al viajero un ritmo más lento, un descanso necesario, una pausa para la reflexión; aspectos que la cámara no promueve.

El dibujar implica una mirada atenta, pausada, un mayor involucramiento con lo observado y por lo tanto requiere más tiempo y esfuerzo. La aceleración y el vértigo no permiten una apreciación cabal de los valores arquitectónicos. Algunas experiencias necesitan de una contemplación serena, de un reposado encuentro que sólo el dibujo, en su condición de construcción gráfica, paciente y laboriosa, puede brindar.

Las palabras de Álvaro Siza nos trasmiten la sensación de profundo disfrute del “tiempo perdido” que produce el dibujar durante un viaje:

¿Habrá algo mejor que sentarse en una explanada, en Roma, al caer la tarde, experimentando el anonimato y una bebida de exquisito color… mientras la pereza te invade dulcemente? De repente el lápiz o el bic comienzan a fijar imágenes […] En el intervalo de un verdadero viaje, los ojos, y a través de ellos la mente, ganan insospechadas capacidades. Aprendemos desmedidamente y lo que aprendemos reaparece disuelto en las líneas que después trazamos.” 7

Por último, un desafío

Realizar un viaje que dura más de ocho meses ofrece infinitas oportunidades de crecimiento personal, de aprendizaje, de adquisición de nuevas experiencias. Por eso me voy a permitir formular un desafío. El desafío consiste en aprovechar el desfile continuo de arquitecturas, lugares y gentes que el viaje brinda, para intentar plasmarlo en el papel.

Para esto yo recomiendo dibujar todos los días, como quien práctica un ejercicio físico. No se trata de un deporte de riesgo ni de competición, sino apenas un calentamiento, una relajación, o una terapia alternativa para tonificar los músculos de la mano, y de la mente. Por ello no es requisito dedicarle mucho tiempo, con media hora o 45 minutos alcanza.

Para un mayor disfrute de la experiencia, recomiendo practicarlo con esmero, pero también con agrado. Como dibujan los niños pequeños, sin miedo a equivocarse, por el placer de hacerlo, por la necesidad de expresarse. Porque el dibujar es innato en el ser humano, es una forma de comunicación tan natural como el lenguaje hablado.

Prometo que si siguen este “tratamiento” el trazo se irá suavizando con el correr de los días, los recursos gráficos se irán fortaleciendo con las semanas, y al cabo de un tiempo sentirán que les gusta dibujar, y que no les sale tan mal. ¿Qué se puede perder? Si tiempo es lo que sobra durante el viaje. Tal vez esta práctica redunde en una mejora de las capacidades gráficas y desemboque en un nuevo o renovado enamoramiento por el ancestral croquis, herramienta fundamental del pensamiento arquitectónico.

Bibliografía

LAPUERTA, J. M. (1997). de; El Croquis, Proyecto y arquitectura. Madrid: Celeste Ediciones. GARCÍA AMEN, F. (2012). Proyecto WADBA . Montevideo: Biblioteca Plural, UdelaR. COLOMINA, B. (2010). Privacidad y publicidad, la arquitectura como medio de comunicación de masas. Murcia: CENDEAC BORGES, J. L. (1994). Funes el Memorioso, Relato del libro Ficciones. Madrid: Alianza. SIZA, A. (1988). Alvaro Siza: Esquissos de Viagem. Oporto: Documentos de Arquitectura

1 Le Corbusier, citado en: LAPUERTA, J. M. de; El Croquis, Proyecto y arquitectura. Celeste Ediciones, Madrid, 1997, p.54.

2 RAE (Real Academia Española). Diccionario consultado en Línea. http://lema.rae.es/drae/

3 GARCÍA AMEN, F.; “Proyecto WADBA” . Biblioteca Plural, UdelaR. Montevideo, 2012, p. 79. Estimación obtenida a partir de datos de las generaciones 2001/ 2002 /2003.

4 LAPUERTA, J. M. de.: El Croquis, Proyecto y arquitectura. Celeste Ediciones. Madrid, 1997, p.55.

5 Le Corbusier, citado en: COLOMINA, B.; Privacidad y publicidad, la arquitectura como medio de comunicación de masas. Murcia, 2010, p.82.

6 BORGES, J. L.; Funes el Memorioso, Relato del libro Ficciones, 1944.

7 SIZA, A.; Alvaro Siza: Esquissos de ViagemVi. Oporto, 1988.

Arq. Alejandro Folga Bekavac

Columnista invitado

Prof. Adjunto del Taller Articardi. Docente de Medios y Técnicas de Expresión, y de la Licenciatura en Diseño del Paisaje. Integrante del colectivo “Croquiseros urbanos de Montevideo” y docente responsable del Bloque 3 del Proyecto Académico “Plexo – Una travesía multisensorial”.

01. Croquis de Louis Kahn

02. Croquis de Julio Vilamajó

03. Le Corbusier – Viaje de Oriente – 1911

04. Croquis de Álvaro Siza